mujeres riot     octubre rojo - bonito cadaver - girls on stage - mujeres rápidas - olympic beauty - krisztina egerszegi fansite


Alla Nazimova

 

La actriz más grande del mundo

 


Mujeres Riot - Página Principal




- Josephine Baker
- Simone de Beauvoir
- Anita Berber
- Candice Bergen
- Teodora de Bizancio
- Fanny Blankers-Koen
- Boadicea
- Tamara Bunke
- Gia Carangi
- Mathilde Carré
- Camille Claudel
- Marie Curie
- Alexandra David-Neel
- Angela Davis
- Heike Drechsler
- Isadora Duncan
- Amelia Earhart
- Isabelle Eberhardt
- Jane Fonda
- Dian Fossey
- Dawn Fraser
- Cathy Freeman
- Greta Garbo
- Pam Grier
- Jean Harlow
- Lillian Hellman
- Frida Kahlo
- Petra Kelly
- Alexandra Kollontai
- Sofia Kovalevskaya
- Safo de Lesbos
- Rosa Luxemburgo
- Mata-Hari
- Theroigne de Mericourt
- Aspasia de Mileto
- Tina Modotti
- Maria Montessori
- Nawal El Moutawakel
- Alla Nazimova
- Evelyn Nesbit
- Marina Raskova
- Ethel Rosenberg
- Wilma Rudolph
- Susan Sarandon
- Jean Seberg
- Gerda Taro
- Flora Tristán
- Harriet Tubman
- Anna Seghers
- Irena Szewinska
- Valentina Tereshkova
- Grete Waitz
- Stanislawa Walasiewicz
- Beatrice Webb
- Virginia Woolf
- Clara Zetkin




Contact Me





1 2




2ª parte



En los ballets de Kossloff destacaba una excelente bailarina llamada Natacha Rambova, que en realidad se llamaba Winifred Kimball y había nacido en Salt Lake City. Era hija de un multimillonario y había recibido una educación exquisita encaminada a las Bellas Artes, la danza, la decoración y el estilismo. Poseía una singular belleza. Alla se sintió presa de aquella mirada y de aquella maquiavélica sonrisa, con la desagradable impresión de hallarse absolutamente sometida a la voluntad de tan esotérica mujer.



Alla Nazimova y Charles Chaplin (1919)

Alla Nazimova junto a Charles Chaplin (septiembre de 1919)



Su siguiente proyecto era la película Aphrodite, basada en la novela de Pierre Louys, en la que el lesbianismo tendría un protagonismo supremo y donde ella ejercía de productora e intérprete, controlando todo el proceso creativo. Encargó a Theodore Kossloff la creación de los trajes para la película, mientras Natacha Rambova se encargaba de los decorados y June Mathis del guión. Esta formula se repetiría posteriormente.

Sin embargo la película no llegó ni a estrenarse. La censura la prohibió e hizo quemar los centenares de bellos amores lésbicos que se habían rodado en celuloide, perdiéndose para siempre.

Había llegado la hora que tanto temían: la posguerra trajo un reaccionarismo aterrador, que devolvía a las mujeres en general, a sus hogares, y a las lesbianas en particular, a sus armarios empotrados...



Alla Nazimova, Camille (1921)

Alla Nazimova, Camille (1921)

Alla Nazimova y Rodolfo Valentino en Camille (1921)



A continuación prepara la quintaesencia del art-deco, Camille (1921), adaptación de la obra La dama de las camelias de A. Dumas (hijo), con una Rambova preparando hipersofisticados decorados megavanguardistas, con dibujos curvilíneos como doble homenaje a la camelia y a la mujer, y con un elegante y decadente Rodolfo Valentino, que venía de filmar Los cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Rambova intimó con Valentino, invitándole a sesiones de espiritismo y ayudándole en tareas de maquillaje, para disimular su labio inferior partido y resaltar su belleza latina. Mientras tanto, los escándalos sexuales se sucedían en Hollywood: Charles Chaplin y sus pasiones pedófilas, las orgías de Clara Bow, el asesinato de una menor a manos de Fatty Arbuckle al introducirle una botella en la vagina..... Nadie se hallaba seguro en Hollywood con la cruzada por la decencia y las buenas costumbres.

Entre opiáceos, cigarrillos de cocaína y vodka, Nazimova entretenía a sus invitados e invitadas interpretando canciones rusas, al violín, o al piano, mientras ponía fin a su contrato con la Metro y mientras los críticos escribían que Camille "era una obsesiva sucesión de imágenes hipnotizadoras, lenta y extraña". No iban desencaminados: Rambova y Nazimova se pasaron todo el rodaje amándose y "viajando" al país de las amapolas del opio.

Pero para Alla una mujer no era suficiente; necesitaba estar rodeada de un harén..... un peligro para el nuevo Hollywood, en el que las fustigadoras de los vicios no descansaban ni de día y de noche. La primera "caza de brujas" estaba aflorando. Todos se casaban. Todas se casaban o eran sospechosas de pertenecer al crimen organizado, al bolchevismo, etc. Alguien aconsejó a Alla que tantas amantes y su enemistad con la poderosa Metro podían provocar su deportación como extranjera "non grata".

Derrotada, tuvo que claudicar y organizarse su "matrimonio blanco" con Charles Bryant, gay discreto y viril que daría una apariencia de "normalidad" a la fama de amazona de la rusa con voz de harpa.



Alla Nazimova, Salomé (1923)


Alla Nazimova, Salomé (1923)

Alla Nazimova en Salomé (1923)



Aún así ningún estudio quiso poner dinero para un film con Nazimova, por lo que ella misma financió, produjo, escribió, dirigió y protagonizó su gran tributo a Oscar Wilde, la adaptación de Salomé (1923), si bien su "marido" Charles Bryant aparecía como director en los créditos.

Salomé es arte grandilocuente, la gran obra vanguardista de Alla Nazimova, donde pudo dar rienda suelta con entera libertad a su creatividad y a su exceso. Decidió que todas las interpretaciones fueran coreografiadas como una pantomima ralentizada, adelantándose así 50 años al espectáculo Flowers, de Lindsay Kemp.

Natacha Rambova alcanzó el delirio supremo en los decorados y en un fastuoso vestuario inspirado en el gran ilustrador Aubrey Beardsley. Todos eran sabedores de que se estaba realizando una obra maestra, de la que se necesitarían décadas para ser gozada en plenitud, un magistral blanco y negro, con toda la extrafina gama de grises, pasados por los filtros más embellecedores, con una luna llena omnipresente, que se torna violeta ante la concentración de cortesanas, interpretadas por hombres hermosamente travestidos y maquillados por Rambova, y una luna que se vuelve roja cuando se corta la cabeza a Juan el Bautista.



Alla Nazimova, Salomé (1923)


Alla Nazimova, Salomé (1923)

Alla Nazimova en Salomé (1923)



Hay que entornar los ojos para adivinar el movimiento de los siete velos y contener la respiración para percibir la sorda cadencia del oleaje de una danza que es una gran oda a Oscar Wilde, en la que Nazimova luce, entre otros, un tocado cubierto de burbujas de cristal que se tornasolaban cuando ella manifestaba emoción.

Se rodaron dos finales: el primero, como en la obra teatral, Salomé muere atravesada por las espadas de los guardianes del tetrarca; la segunda, fue una licencia que la misma Nazimova se tomó, y es que al verla tan bella e irreal, los soldados se negaban a matarla, teniendo que tomar ella un sable y arquear su cuerpo hacia atrás para hacerse el harakiri, algo que, de haberla visto, debió emocionar e inspirar al mismísimo Yukio Mishima. También inspiró la gran coreografía que Bob Fosse creó para Shirley McLaine en Sweet Charity, en la que ésta emularía a Nazimova enroscándose en un árbol, como la serpiente que tienta a Eva.



Alla Nazimova (1925)

Alla Nazimova fotografiada por Maurice Goldberg (1925)



La película era una orquídea de invernadero de decadente pasión..... pero solo para una minoría de gente culta, de gays y lesbianas, no para el tosco público estadounidense, educado en la subcultura más galopante. Era 1923 y el público parisino, berlinés o moscovita, hubiera recibido ese film con la gran categoría que se merecía. Pero los yanquis debieron considerar la película una "mariconada" hecha por una lesbiana resentida con los hombres.

Salomé, bella obra independiente, al ser condenada al fracaso, hizo que ningún estudio requiriera a Nazimova, por lo que ella volvió a los escenarios teatrales. Su carrera cinematográfica había periclitado, y tan sólo le ofrecían pequeños papeles a bajo salario en la que se autoparodiaba, llegando a utilizar una cabeza de Halloween, a modo de cabeza de Juan el Bautista.



Alla Nazimova



Con problemas económicos, tuvo que vender "El Jardín de Alla" a una nueva rica, que lo convirtió en varios bungalows que serían alquilados a las nuevas estrellas de Hollywood, aunque Alla se reservaba en el contrato un bungalow para ella. "El Jardín de Alla" fue rebautizado añadiéndole una "h" al final, lo que en inglés significaba que Alla había perdido su jardín en favor del dios islámico.

Luego se fue a París, un mundo superlativamente más libre y desprejuiciado que el de Hollywood o Nueva York, y donde Mercedes de Acosta le presentó a la sáfica sobrina de Oscar Wilde, Dolly, y ambas se hicieron muy amigas.

En EEUU seguían los escándalos. El 30 de Septiembre de 1926 se representaba en el Empire Theatre de Broadway la obra La cautiva de Edouard Bourdet, y cuando las autoridades advirtieron que había ligeras insinuaciones lésbicas en la obra, la policía hizo acto de presencia en el escenario, llevándose esposada y a la cárcel por escándalo público, a la protagonista, Helen Menken, por entonces casada con Humphrey Bogart. Hubo redada general en todos los teatros neoyorkinos en los que se representaban obras pecaminosas, como El Dios de la venganza y Casa de viudos, ambas de George B. Shaw, e incluso la ascendente Mae West fue encarcelada.

Como un preludio de la Gestapo alemana, el magistrado del Tribunal Supremo de Nueva York declaró que "el escenario no es lugar donde retratar emociones humanas inmorales", endureciéndose el código de censura para prohibir "todas las obras que tratasen de degeneración o perversión sexual".



Alla Nazimova



Alla se sintió bastante asqueada y con unos grandes deseos de vivir en París o volver a su país, pero era consciente de que en EEUU, al menos era una grande del teatro, mientras que en París su francés chocaba por el fuerte acento germánico, y su propia lengua rusa se había contaminado, lo que la relegaría, tanto en París como en Moscú, a encasillarse en papeles de extranjera.

De su país le llegaban noticias del cine vanguardista frente a la carroña industrial que se hacía en Hollywood. Nombres como Lev Kulechov, Dziga Vertov, Vsevolod Pudovkin o Sergei Eisenstein aportaban una nueva forma audaz y rompedora de entender el séptimo arte. También de Alemania, donde el expresionismo tuvo su gran época gracias a cineastan como Murnau, G.W. Pabst, Wegener o Fritz Lang, y obras como Nosferatu, El Gabinete del Dr Caligari, Los crímenes del Dr. Mabuse o Metropolis. Los escenarios alemanes también se estaban revolucionando, con Max Reinhardt a la cabeza, y se presentan obras abiertamente lésbicas sin que las actrices acabaran en la cárcel, como sucedía en Nueva York.

Nazimova se dedicó casi exclusivamente al teatro: Fedra, Yokasta, Electra y todo el repertorio de Chéjov e Ibsen, con excelentes y grandilocuentes críticas. En la década de los 30 una nueva oleada de actrices invadió Hollywood, la mayoría de las cuales veneraban a Nazimova porque compartían con ella un lenguaje y un código secreto de vergél de violetas, y la visitaban a su camerino o a su bungalow, rindiéndole pleitesía, regalos valiosos y hasta favores sexuales. En 1931 Greta Garbo, que se hallaba en Nueva York, fue varias veces a verla en El luto de Electra, pero no se atrevió a visitar a la que muchos consideraban como "la actriz más grande del mundo". Lo contrario de Natacha Rambova, que la visitó hasta el final de sus días, o Tallulah Bankhead, que a ojos de la rusa se hallaba revestida de una especie de belleza bárbara. Aunque su ordinariez la desconcertaba, la encontraba superlativamente carnal. La menopausia había entrado en Alla justo cuando le gustaban las mujeres más jóvenes.

Una noche, tras una función teatral, Nazimova recibió a Marlene Dietrich, un icono expresionista y sáfico por la que sintió quemarse en su abrazol. Pero la delicadeza acabó metamorfoseada, pues a Marlene le entusiasmaba interpretar su papel favorito, el de barriobajera presidiaria que arrancaba las bragas de encaje y blondas de Alla a mordiscos animalizados, renunciando a su deidad y haciendo sonrojar a la eslava. No obstante, Marlene le traía información de primera mano, hablándole de la nueva y terrible situación alemana, donde tras la llamada "noche de los cuchillos largos", miles de homosexuales habían sido enviados, con el triángulo rosa cosido a sus harapientas ropas, a campos de exterminio.



Alla Nazimova, Escape (1941)

Alla Nazimova y Gloria Graham en Escape (1941)



En sus últimos años también realizó alguna excursión al cine, animada por su incondicional George Cukor, como en Escape (1941), uno de los primeros films anti-nazis de Hollywood y en el que interpretaba a una actriz que, por subversiva, acaba en un campo de concentración. Por primera vez el público no adicto al teatro escuchaba esa voz de arpa capaz de congelar la respiración y rasgar los silencios como un cuchillo.

Por esa época, estaba predispuesta a llevar a los escenarios la vida de su ex-amiga y amante Emma Goldman, fallecida recientemente, pero ningún empresario tuvo el valor de financiar un bello drama libertario de una mujer que ni tan siquiera había nacido en EEUU.

Aceptó el papel de madre del torero en la nueva versión de la novela de Blasco Ibañez Sangre y Arena (1941), film que fue el despegue de Rita Hayworth en Hollywood. Todo el mundo destacó la interpretación de Nazimova (ya sin Alla) como muy superior al resto de los actores. El método Stanislavsky estaba entrando con fuerza.

Los últimos años los vivió con su compañera Dolly, a la que llamaba Doodie, interpretando venerables ancianas o patricias aristocráticas, viviendo sin lujos pero sin privaciones, mientras jóvenes como Lee Strasberg le pedían opinión para mejorar sus montajes teatales, como último eslabón con el maestro Stanislavsky.



Alla Nazimova

Noticia del fallecimiento de Alla Nazimova aparecida en un periódico



El 13 de Julio de 1945 llegó el final. Una trombosis arterial se llevó para siempre a Alla Nazimova. Fue enterrada en el cementerio de Forest Lawn, y en la lápida sólo pone NAZIMOVA. Nunca faltan violetas en su tumba, porque durante décadas esas flores fueron el símbolo que Safo y sus chicas llevaron a la isla de Lesbos y la actriz rusa las adoró porque tenían el color de sus ojos.





1 2